domingo, 22 de marzo de 2009

Querido diario

Querido diario:

Hace mucho tiempo que no tenía la necesidad de escribir, pero hace unos días que estoy un poco nerviosa y no sé cómo afrontar esta situación.
Puede parecer una tontería, e incluso visto desde fuera, más fácil de lo que parece, por eso no me apetece hablar con nadie de este tema. Me dirían: “No sé dónde está el problema, no es tan difícil, hazlo de una vez, solo tienes que sentarte a hablar y ya está.”
Parece mentira lo sencillo que resulta decirle a otra persona lo que hace mal y echarle cosas en cara. Lo realmente complicado es cuando tienes la necesidad de decirle que le quieres y que estás orgullosa de él.
Hace dos semanas le dijeron a mi padre que está muy enfermo y que deben operarle. Es una operación bastante complicada y huelga decir que como en todas las intervenciones existen riesgos.
Hasta la fecha mi padre ha sido una persona activa y con una salud de hierro, pero el reloj biológico siempre nos marca la cuenta atrás. Siempre he pensado en la muerte como un proceso natural de nuestra existencia, pero cuando ronda cerca, la cosa cambia, inevitablemente hace que te pares a pensar y ordenes tus dudas, conclusiones, miedos y sobre todo tus sentimientos, y ahí es justamente donde quiero ir a parar.
Tengo mucho que explicarle a mi padre, supongo que él ya lo sabe, pero tengo la necesidad de explicarle tantas cosas...
Siempre me he llevado bien con él, pero nunca le he dicho que le quiero, que estoy orgullosa de ser su hija y que me llena de satisfacción decir que él es mi padre.
A veces pienso que vivimos en un mundo un tanto extraño, ¿como puede darte vergüenza hablar con alguien que te ha visto nacer, con la que has compartido tantas cosas, que te ha querido por encima de todo? Púes sí, da vergüenza. Supongo que es porque en esta vida nos pasamos tanto tiempo intentado parecer fuertes, que se nos olvida que el ser humano es frágil y vulnerable.
No soy una persona pesimista, pero no me gustaría que se fuera sin haberle dicho todo lo que siento.
Mañana cuando me levante volveré a leer todo lo que he escrito, a ver si así me ayuda a reunir fuerzas y a afrontar esto sin miedo ni vergüenza.


Merche García

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