Tumbado a la sombra de un frondoso roble, espero el ocaso. Ese momento en que el sol roza el horizonte y lo tiñe todo de un color ocre rojizo y resurgen los olores de tierra húmeda y fruta madurada al sol. Las copas de los árboles se mueven suavemente empujadas por la tenue brisa de verano.
Me incorporo, y desde mi posición puedo divisar las luces de las numerosas casas y mansiones que están repartidas por el valle. En estos días tienen lugar infinidad de fiestas y celebraciones que todo el mundo aprovecha para hacer vida social y formar nuevas amistades. Son unas fiestas impresionantes. Desde las más ostentosas hasta las más modestas, todas son muy ruidosas y reúnen a muchísima gente, que no para de comer, hablar y bailar.
Recuerdo el primer día que vine a este lugar y me quedé contemplando igual que hoy, las luces y el bullicio de la fiesta más cercana. Podía escuchar las conversaciones que mantenian los unos con los otros y me encantaba ver como bailaban al son de la música. Todo era tan bonito que tenía unas ganas locas de ser uno de los invitados, aunque sólo fuera por un ratito. Al decírselo a mi madre, que siempre me acompañaba a contemplar las fiestas conmigo, ella siempre me contestaba “¿Cómo vas a asistir tú? Si todavía eres pequeño y además nosotros no pertenecemos a ese mundo”. Yo me frustraba mucho viéndome tan cerca y a la vez tan lejos. Pero siempre terminaba pensando que algún día yo asistiria a una de ellas y me lo pasaría genial.
Ha transcurrido mucho tiempo y todavía vengo a esta loma a seguir contemplándolas con la esperanza de poder bailar y comer en una de ellas algun día.
Esta noche antes de llegar aquí, he pasado cerca de una casa que debe ser de gente adinerada porque era muy grande y estaba toda iluminada por unas farolas muy bonitas. Cuando pasaba junto al jardín de la entrada, he escuchado a dos chicos que hablaban entre ellos y decían que tenían que ir a una fiesta. Entonces para que no me vieran, me he escondido detrás de unos setos y me he dispuesto a escucharlos.
Los dos jóvenes estaban discutiendo sobre si irían andando o en coche. Uno de ellos, el rubito, que tenía cara de no haber roto nunca un plato, parecía estar en desacuerdo con lo que su amigo le estaba proponiendo.
_Nooo, nooo, el Jaguar no…..el Jaguar, no.
_Pues mira, yo me voy a buscar a alguien que me lleve. De verdad, eres un gilipollas. Es la juerga del verano y tú quieres que aparezcamos con tu carreta para transportar ganado. Ni hablar.
Antes de que se dieran cuenta de que les observaba, me he puesto otra vez en camino.
Mientras caminaba, pensaba que sería estupendo tener un amigo con el que poder discutir de todas esas cosas: ¿Qué me pongo esta noche?, ¿Me quedan bien estos zapatos?, ¿Nos llevabas el Mercedes o el Maserati? Sería genial poder hacerlo, pero después de tantos años las ilusiones se están acabando.
En un momento de la noche, me he dado cuenta de que mi madre, no está. ¿Qué le habrá podido pasar? Nunca se ha olvidado de esta noche
Me levanto de un brinco y me pongo a correr loma abajo para ir a buscarla. Seguro que está en casa.
Cuando me disponía a cruzar un camino, unas luces salidas de no sé donde, se han abalanzado sobre mí.
De repente, un golpe y todo es oscuridad. Me duele todo el cuerpo. Intento levantarme, pero no me responden las piernas. No puedo abrir los ojos, solo escucho unas voces y unas risas nerviosas. Noto como me cogen y me dejan en un lugar más cómodo. Las voces siguen sonando pero no logro articular ni una palabra.
Cuando por fin puedo abrir los ojos, veo que las voces provienen de los dos muchachos que he visto en el jardín hace un rato. Me incorporo un poco e intento llamar su atención. Ellos no sé muy bien por qué, me miran asustados y salen corriendo del coche donde me habían metido. Yo intento explicarles que me encuentro bien y que no puedo salir de allí, pero ellos no paran de gritar y de decir no se qué de que estoy vivo. No sé muy bien por qué, pero de mi interior ha salido una furia descontrolada que me ha hecho descargar toda mi rabia, en lo que tenía delante de mí.
El hecho de que me ignoraran de esa manera me ha moletado tanto que no podía parar.
Al cabo de un rato me he relajado y aquí estoy, esperando que dejen de hablar para sacarme.
Al final del camino veo unas luces que se dirigen hacia aquí. Sí, han parado justo al lado, y ha salido un hombre muy grande y con un casco rojo. Se acerca hacia mí y me mira extrañado. Yo le intento explicar la situación, pero él se da media vuelta y se va. Cansado de que nadie me escuche, sólo puedo quedarme sentado y esperar que me quieran sacar.
Pero, un momento, ¿Se ha vuelto loco? El tipo del casco me está apuntando con una escopeta muy gorda. ¡¡Deja de hacer el idiota y sácame de aquí!! ¿Pero qué estás haciendo? No te enfades, te lo puedo explicar….
_ Joder tío, el coche de mi padre tío, un jabalí en el coche de mi padre….
_Jaa, ja , ja . Tranquilo ya verás cómo ni se entera, ja, ja, ja, ja.
_ Te lo dije, el Jaguar noo, el jaguar noo, y a hora ese bombero le quiere pegar un tiro. E, E, espere espereee………
-Lástima de coche y lástima de jabalí- ha dicho el bombero.
Carlos Ragel