Seguro que muchas personas no comparten mi opinión. ¡Normal! No vamos a pensar todos igual, pero en realidad lo paso mal en los primeros minutos. Después, cuando ya me dirijo al conocido bus, con su musiquita puesta a volumen suave, comienzo a encontrarme en una buena disposición para recorrer las repetidas vivencias cotidianas que el trabajo me presenta.
Igual que voy el lunes al trabajo, también vuelvo de él y ahí es donde comienza la parte del día que más disfruto. El hecho de sentirme libre para pasear por donde quiera, recreándome allá donde mi curiosidad me lleve, da a mi persona sentimientos de satisfacción. En compañía de mi amigo y su coche me aventuro como si de película se tratara en busca de amigas y amigos con los que intercambiar opiniones, dándole magia y morbo ¿Por qué no? al momento de libertad del que disponemos. Dando magia ¡Claro!
Mucha gente pensará y dirá ¿De qué magia se trata? ¡Bueno! En realidad quiero decir ese tipo de magia que aparece cuando indagas, observas a otras personas y comienzas a hablar. De pronto, espontáneamente, salen las risas, comparaciones etc. convirtiéndose en un momento que invita a salir de lo cotidiano, en resumen, a pasarlo bien.
Yo no soy tan habilidoso en estas cuestiones, pero no importa, porque cuento con mi amigo Jose, el cual está hecho todo un experto. Su carácter sencillo con poca dureza al dirigirse al oyente y su amabilidad le proporcionan una mezcla perfecta a la hora de relacionarse. Lo siguiente de la aventura lo dejamos al azar y así espontáneamente, solemos pasarlo tope, tope.
Ignacio Ibáñez
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