La actitud natural es la de emprender el movimiento relativamente rápido hacia adelante con nuestras dos piernas impulsado por un sentimiento que puede responder a muchos motivos, como correr porque te persiguen o correr porque quieres estar en forma. La variedad de condicionantes nos lleva a dejar de lado estas motivaciones por la complejidad que conlleva, para centrarnos en la verdadera acción de correr con su armónico movimiento de saludo de una pierna a otra sin importar que al final una de ellas sea la ganadora.
Sensato es hacer estiramientos, sin abusar demasiado del estirón, comenzando con un ritmo parsimonioso como el de los novios al comienzo de un baile de música de amor y cogiendo algo más de ritmo a medida que se llega al final de la canción. Así pues, una vez calentados los diversos músculos que componen nuestras piernas y siguiendo los pasos profesionales de estiramientos, las piernas están capacitadas para volver a sobrepasar la una a la otra buscando el ritmo que nos interese, ya sea en carrera de sprint, esforzando a tope el movimiento incesante hacia adelante y durando unos pocos segundos por el desgaste enorme que tanto en las piernas como en el cuerpo sufren.
También con un movimiento metódico hacia adelante sin prisa, con la única intención de hacer el movimiento porque sí y procurando que el desgaste sea menor, aunque siempre teniendo en cuenta que objetivo lleva, como el de intentar llegar lo más lejos posible y antes que otro corredor.
Conscientes de lo repetitivo de este movimiento, la profundidad de la respiración ha de ser controlada si realmente se quiere aguantar. Dado que se podría querer correr tanto como un hombre es capaz de correr a lo largo de todo el planeta y que en la mayoría de casos el dinero no es el objetivo, la clave de este movimiento es digno de análisis, pues se sabe que el correr es una sensación de libertad increíble, saludable para el organismo y qué decir del movimiento hacia adelante que las piernas pareciendo que una quiera ganar a la otra y acabando al final las dos irremediablemente juntas, por no hablar de la oscilaciones del terreno que nos parece ver cuando estamos en movimiento, todo esto llena tanto al corredor que lo transporta a un mundo de sueños y sensaciones agradables que repite de nuevo al otro día.
IGNACIO IBÁÑEZ IBÁÑEZ
viernes, 12 de junio de 2009
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