lunes, 1 de junio de 2009

Laura

Laura siempre había sido una niña muy guapa. Ya desde que era pequeña, era la típica muñeca de rizos rubios y ojos azules que llamaba tanto la atención. Eramos vecinas y nuestras madres se hicieron buenas amigas, siempre jugábamos juntas y hasta fuimos al mismo colegio. Nuestra relación era buena nos llevábamos bien pero a medida que fue pasando el tiempo nos fuimos separando. Laura se convirtió en el centro de atención de todo el colegio, era admirada por todos, su belleza era espectacular y mucho más cuando empezó a desarrollar. Era guapa, bien proporcionada, no le sobraba ni le faltaba de nada y por supuesto tenia a todos los chicos locos. Yo sentía envidia de Laura quería ser como ella. Yo no era fea, pero tampoco llamaba la atención y mi cuerpo era delgado casi sin forma, desarrollé mucho más tarde que las demás chicas y eso hizo que todas me dejaran un poco de lado, sobre todo Laura que llevaba la voz cantante en todo lo que hacían.
Cuando acabamos el colegio ella siguió estudiando y mi familia y yo tuvimos que mudarnos a otra ciudad por el trabajo de mi padre y así dejé de saber de Laura. Yo empecé a trabajar, monté un negocio, me casé y tuve una hija preciosa. Una noche, mientras estábamos cenando, salió la imagen de Laura en las noticias, seguía siendo igual de bella. La habían detenido por asesinar a sus padres a sangre fría, unos pobres viejos, para quedarse con la herencia. No me lo podía creer, sentí mucha pena por su comportamiento, pero también una gran alegría, el no ser como ella.
Para ser realmente bello no basta serlo solo por fuera, también hay que serlo por dentro.

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