En primer lugar, se ha de disponer de la botella de cava. Si no la tenéis, pues compráis una en el supermercado de la esquina y listo. Una vez nos hemos hecho con ella y la tenemos bien fresquita (si no lo está no vale nada) , la colocaremos sobre una superficie lisa.
Seguidamente, quitaremos el papel metálico que recubre el cuello de la botella y después retiraremos el alambre que sujeta al corcho.
Llegado a este punto, hay que tener sumo cuidado porque esta bebida tiene una presión considerable. Deberemos inclinarla un poco hacia delante, para que nuestro rostro no sufra daños, pero también tendremos que ir con ojo con la puntería si no nos queremos cargar la lámpara o los objetos que pueda haber alrededor. Cuando estemos seguros de que nada ni nadie saldrá mal parado, agarraremos el tapón e iremos girándolo poco a poco hasta que consigamos extraerlo, intentando que el corcho no salga disparado, aunque esto a veces es inevitable.
Hay que tener preparada una copa donde verter el líquido, ya que si se derrama te lo pone todo hecho un asco.
Una vez abierta la botella y servido el cava en la copa ya podemos disfrutar de esta bebida. Claro, ¿si no para qué la hemos abierto?
Uhmmm que rico.
jueves, 28 de mayo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario