miércoles, 27 de mayo de 2009

Gemelos

Que todos los gemelos sean idénticos en todo, es totalmente incierto.
Tengo un hermano gemelo, y la verdad es que nos parecemos en todo. En todo, menos en la suerte. Desde pequeños ya se notaba esa sutil diferencia que tanto me molestaba.
Los dos con el pelo rubio. Él, con una bicicleta de montaña con marchas, y yo con una de paseo.
Los dos con los ojos azules. Él, se sentaba en el colegio rodeado de chicas y yo con lo peorcito de la clase.
Los dos un palmo más altos que el resto de compañeros. Él, sacaba las notas más altas de clase sin esforzarse y yo por mucho que me esforzara, sólo sacaba una media de bien.
Él, instituto y universidad, y yo, formación profesional.
Él, director de banco, y yo, tornero fresador.
Él, casado con tres hijos, y yo, soltero.
Él, casa con piscina y dos mil metros de terreno, y yo, apartamento de dos habitaciones.
Él, Audi y BMW todo terreno, y yo, Ibiza.
Pero una noche, me invitó a cenar para enseñarme la casa nueva que había comprado. El ambiente estaba enrarecido y se comportaban de un modo un tanto extraño. Mi cuñada, que por su comportamiento parecía pertenecer a la casa real, ni si quiera miraba a mi hermano y los niños lo ignoraban por completo. Toda la cena fue muy tensa, con miradas frías y conversaciones forzadas.
Al término de la cena, salimos mi hermano y yo al jardín para tomar el aire y charlar un poco. Nos sentamos y él me ofreció una cerveza. Yo en broma le dije que se podía estirar un poco y sacar champán, o ese whisky con tantos años que tenía guardado y él me confesó que por preocuparse por tener ese champán y ese whisky, estaba perdiendo todo lo demás y que preferiría estar en mi sofá mirando la tele con una cerveza en la mano.
Después de todo esto, está claro que los gemelos se pueden parecer mucho, pero uno tendrá siempre mejor suerte que el otro.

Carlos Ragel Viciana

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