domingo, 24 de mayo de 2009

OTRA VEZ MÓNICA


Allí estaba yo, de camino a la reunión de antiguos alumnos del Sagrada Família. Habían organizado una cena para volver a reencontrarnos. Estaba muy emocionada. ¿Cómo estarían mis compañeros después de dieciséis años? Sólo me preocupaba una pequeña cosa, volver a ver a Mónica.
Mónica era mi compañera de pupitre en el último curso. Éramos muy diferentes tanto en el físico como en otros aspectos.
Ella era morena, alta, guapa y con un cuerpo atlético bien proporcionado. Yo en cambio era rubia, bajita y más bien regordeta, pero eso no me suponía ningún problema.
En general nos llevábamos bastante bien, por lo menos en apariencia, ya que ella parecía estar siempre compitiendo por todo.
Recuerdo cuando repartían los exámenes o las notas, siempre sacaba medio punto más que yo, eso le permitía pasar por mi lado y mirarme de reojo con esa media sonrisa que decía "ja, ja, soy mejor que tú".
Recuerdo también que nos gustaba el mismo chico, Javier, y en la obra de teatro de fin de curso, él hacía de Romeo, y no quiero ni contarte la mirada que me echó cuando el profesor dijo que ella haría de Julieta con beso incluido. ¡La hubiera matado...!!!!!!!
Siempre vestía ropa de marca, cosa que en mi casa no nos podíamos permitir. Casi cada semana estrenaba algo: Zapatos, camisetas, pantalones... Yo en cambio lo heredaba casi todo de mi hermana.
Ella disfrutaba sintiéndose superior, yo callaba y la dejaba hacer, pero en el fondo me daba rabia. Mónica no te declaraba la guerra abiertamente, lo hacía de una manera sutil.
Imaginaba el reencuentro, seguro que era directora de alguna empresa, estaba buenísima, iba todos los días a hacer yoga o pilates y tenía una chacha en casa. Yo seguía siendo una chica sencilla y humilde. Trabajaba en una fábrica y a duras penas llegaba a fin de mes.
Temía que Mónica volvería a mirarme por encima del hombro diciéndome que ella había acabado su carrera, tenía un trabajo en el cual ganaba mucho dinero, que se había casado con Supermán y tenía unos hijos preciosos y superdotados. Yo no tenía nada con lo que salir airosa en este duelo, salvo llevar una fotografía de mi hija y mi marido, que era lo mejor que me habia sucedido, la única cosa de la cual podía presumir, tener una família maravillosa.
Cual fue mi sorpresa que cuando la vi en la cena me encontré con una persona totalmente cambiada. Le pregunté que cómo le iba la vida, en qué trabajaba, si se había casado y tenía hijos. Me contestó que estaba en el paro, que había pasado unos años muy malos debido a una enfermedad la cual no le permitiría tener hijos y todavía no había encontrado a su príncipe azul. Me dijo que se alegraba de verme y noté que esta vez lo decía de corazón. Decidí no enseñarle la fotografía porque en ese momento comprendí que la competición había acabado.

No hay comentarios: