jueves, 28 de mayo de 2009
Como abrir una botella de cava
Seguidamente, quitaremos el papel metálico que recubre el cuello de la botella y después retiraremos el alambre que sujeta al corcho.
Llegado a este punto, hay que tener sumo cuidado porque esta bebida tiene una presión considerable. Deberemos inclinarla un poco hacia delante, para que nuestro rostro no sufra daños, pero también tendremos que ir con ojo con la puntería si no nos queremos cargar la lámpara o los objetos que pueda haber alrededor. Cuando estemos seguros de que nada ni nadie saldrá mal parado, agarraremos el tapón e iremos girándolo poco a poco hasta que consigamos extraerlo, intentando que el corcho no salga disparado, aunque esto a veces es inevitable.
Hay que tener preparada una copa donde verter el líquido, ya que si se derrama te lo pone todo hecho un asco.
Una vez abierta la botella y servido el cava en la copa ya podemos disfrutar de esta bebida. Claro, ¿si no para qué la hemos abierto?
Uhmmm que rico.
miércoles, 27 de mayo de 2009
De cómo comportarse en una cola, fila o sucesión correlativa de personas
Nunca intentaremos utilizar una cola de niños que estén esperando a la entrada de un colegio. Éstos se mueven mucho y nos podemos hacer un lío con tanto alboroto. Además, si increpamos a los niños para que se estén quietos y en su sitio, podemos tener problemas con los padres, o lo que sería peor, que les dé por sospechar que nos gustan “demasiado” los niños.
Evitaremos también, dejando para más adelante, las colas que se producen en pescaderías, fruterías y en supermercados en general. Éstas pueden ser las más peligrosas de todas ya que en nuestra calidad de noveles, podríamos caer fácilmente bajo la influencia del espécimen con mayor número de representantes denominados “Marías”. Un encontronazo con una de estas mujeres sería fatal, ya que no tendrán ningún tipo de reparo en aplastaros y relegaros hacia los últimos puestos de la cola al darse cuenta de lo vulnerables que sois. Si esto sucede quedará en duda vuestra credibilidad delante de todos los demás. La "María" se sirve de engañifas tales como una falsa simpatía hacia tu persona, conversar con alguien que esté situado delante de ti, hacerse la despistada o decir que sólo tiene un artículo que pagar o, simplemente, no acordarse de quién le dio la vez. Entrar en este juego sin experiencia alguna puede salirnos muy caro por no conocer las tácticas disuasorias y de ataque que tienen estas marías. Este punto lo desarrollaremos más adelante dando soluciones en el apartado de “Manipulación de sujetos peligrosos”.
Nos centraremos pues, en buscar una fila o cola donde no se produzcan alborotos ni amontonamientos. Una buena opción puede ser acercarse a las oficinas de Hacienda para utilizar esa cola. En ésta no tendréis ningún tipo de problema, puesto que nadie tendrá arrebato alguno por presentar su declaración antes que ninguno de los presentes, sabiendo que le toca pagar. Teniendo en cuenta esto, procederemos a entrar en el cubículo habilitado con mesas y sillas o, en su defecto, con mostradores con letras o números, para poder presentar todos los papeles necesarios y que no nos sustraigan dinero en demasía. Unos metros más atrás se situará toda la masa de gente en sus correspondientes colas o filas. Al entrar, todos sin excepción nos dirigirán una mirada furtiva para indicarnos que ellos llegaron antes que nosotros y que no hay manera de colarse. También, esa mirada les servirá para, haciéndonos una radiografía visual, poder calcular mentalmente lo que nos toca pagar.
Miraremos atentamente a nuestro alrededor para observar si en la sala han instalado máquinas donde coger el turno o no. Si no se encuentran dichas máquinas , nos limitaremos a pedir la vez en la fila que más nos interesa, poniendo la mayor atención en la persona que nos precede y la que nos sigue, sin olvidarnos de darle la vez a ésta última.
Tres, cuatro o quizá cinco horas después estaremos en disposición de añadir a nuestro currículum una rica experiencia.
Carlos Ragel Viciana
Gemelos
Tengo un hermano gemelo, y la verdad es que nos parecemos en todo. En todo, menos en la suerte. Desde pequeños ya se notaba esa sutil diferencia que tanto me molestaba.
Los dos con el pelo rubio. Él, con una bicicleta de montaña con marchas, y yo con una de paseo.
Los dos con los ojos azules. Él, se sentaba en el colegio rodeado de chicas y yo con lo peorcito de la clase.
Los dos un palmo más altos que el resto de compañeros. Él, sacaba las notas más altas de clase sin esforzarse y yo por mucho que me esforzara, sólo sacaba una media de bien.
Él, instituto y universidad, y yo, formación profesional.
Él, director de banco, y yo, tornero fresador.
Él, casado con tres hijos, y yo, soltero.
Él, casa con piscina y dos mil metros de terreno, y yo, apartamento de dos habitaciones.
Él, Audi y BMW todo terreno, y yo, Ibiza.
Pero una noche, me invitó a cenar para enseñarme la casa nueva que había comprado. El ambiente estaba enrarecido y se comportaban de un modo un tanto extraño. Mi cuñada, que por su comportamiento parecía pertenecer a la casa real, ni si quiera miraba a mi hermano y los niños lo ignoraban por completo. Toda la cena fue muy tensa, con miradas frías y conversaciones forzadas.
Al término de la cena, salimos mi hermano y yo al jardín para tomar el aire y charlar un poco. Nos sentamos y él me ofreció una cerveza. Yo en broma le dije que se podía estirar un poco y sacar champán, o ese whisky con tantos años que tenía guardado y él me confesó que por preocuparse por tener ese champán y ese whisky, estaba perdiendo todo lo demás y que preferiría estar en mi sofá mirando la tele con una cerveza en la mano.
Después de todo esto, está claro que los gemelos se pueden parecer mucho, pero uno tendrá siempre mejor suerte que el otro.
Carlos Ragel Viciana
martes, 26 de mayo de 2009
INSTRUCCIONES PARA PASEAR A NUESTRO PERRO
Para evitar las quejas de nuestros vecinos por los excrementos de perro en la calle, y posibles multas, cada dueño debería seguir bien estos pasos (ahora, si tienes dinero y no sabes en qué gastarlo, no hagas nada de esto). Una vez hecho esto, se podrá soltar al animal en un sitio seguro donde no circulen coches, motos o peatones, ya sea campo o culquier zona habilitada para pasear animales o descampados, para que corra unj rato y ejercite sus músculos. Seguidamente, ya puede volver a atarlo y dirigirse a casa hasta que sea la hora del próximo paseo. ¡Suerte!
domingo, 24 de mayo de 2009
Allí estaba yo, de camino a la reunión de antiguos alumnos del Sagrada Família. Habían organizado una cena para volver a reencontrarnos. Estaba muy emocionada. ¿Cómo estarían mis compañeros después de dieciséis años? Sólo me preocupaba una pequeña cosa, volver a ver a Mónica.
Mónica era mi compañera de pupitre en el último curso. Éramos muy diferentes tanto en el físico como en otros aspectos.
Ella era morena, alta, guapa y con un cuerpo atlético bien proporcionado. Yo en cambio era rubia, bajita y más bien regordeta, pero eso no me suponía ningún problema.
En general nos llevábamos bastante bien, por lo menos en apariencia, ya que ella parecía estar siempre compitiendo por todo.
Recuerdo cuando repartían los exámenes o las notas, siempre sacaba medio punto más que yo, eso le permitía pasar por mi lado y mirarme de reojo con esa media sonrisa que decía "ja, ja, soy mejor que tú".
Recuerdo también que nos gustaba el mismo chico, Javier, y en la obra de teatro de fin de curso, él hacía de Romeo, y no quiero ni contarte la mirada que me echó cuando el profesor dijo que ella haría de Julieta con beso incluido. ¡La hubiera matado...!!!!!!!
Siempre vestía ropa de marca, cosa que en mi casa no nos podíamos permitir. Casi cada semana estrenaba algo: Zapatos, camisetas, pantalones... Yo en cambio lo heredaba casi todo de mi hermana.
Ella disfrutaba sintiéndose superior, yo callaba y la dejaba hacer, pero en el fondo me daba rabia. Mónica no te declaraba la guerra abiertamente, lo hacía de una manera sutil.
Imaginaba el reencuentro, seguro que era directora de alguna empresa, estaba buenísima, iba todos los días a hacer yoga o pilates y tenía una chacha en casa. Yo seguía siendo una chica sencilla y humilde. Trabajaba en una fábrica y a duras penas llegaba a fin de mes.
Temía que Mónica volvería a mirarme por encima del hombro diciéndome que ella había acabado su carrera, tenía un trabajo en el cual ganaba mucho dinero, que se había casado con Supermán y tenía unos hijos preciosos y superdotados. Yo no tenía nada con lo que salir airosa en este duelo, salvo llevar una fotografía de mi hija y mi marido, que era lo mejor que me habia sucedido, la única cosa de la cual podía presumir, tener una família maravillosa.
Cual fue mi sorpresa que cuando la vi en la cena me encontré con una persona totalmente cambiada. Le pregunté que cómo le iba la vida, en qué trabajaba, si se había casado y tenía hijos. Me contestó que estaba en el paro, que había pasado unos años muy malos debido a una enfermedad la cual no le permitiría tener hijos y todavía no había encontrado a su príncipe azul. Me dijo que se alegraba de verme y noté que esta vez lo decía de corazón. Decidí no enseñarle la fotografía porque en ese momento comprendí que la competición había acabado.
INSTRUCCIONES PARA VER LA TELEVISIÓN ( osea hacer zapping)
En primer lugar nos dirigiremos a la nevera en busca de algo muy frío para beber (la leche no es válida), dependiendo de la bebida seleccionada elegiremos algo que picar, nos referimos a cosas normalmente pequeñas y ruidosas al ser masticadas, si se saliera de estas normas se denominaría comer.
Inmediatamente después procederemos a sentarnos en el sofá (a ser posible a solas) y ponernos cómodos, con esto queremos decir poner los pies en la mesa mal denominada mesita de café, ya que lo que menos hacemos en este mueble es tomar dicho brebaje.
Debemos tener la bebida y el picoteo en un radio inferior a sesenta centímetros para ser consumidos sin hacer demasiado esfuerzo.
El mando a distancia del televisor deberá permanecer en todo momento sujetado por alguna de las dos manos (normalmente la derecha).
Teniendo todos los puntos anteriores aquí nombrados bajo control, ya estaremos preparados para ver la televisión. Debemos recordar que si los cambios de canal son inferiores a tres minutos se considerará hacer zapping.
Este ejercicio puede ser ejecutado en cualquier momento del día, siendo más satisfactorio realizarlo depués de una larga jornada laboral.
miércoles, 13 de mayo de 2009
lunes, 11 de mayo de 2009
Mi Diario Diego Serrano (GESII)
El japonés . Que supongo su cara era de desconfianza y fue a buscarnos, le pagamos la comida y tan amigos.
Querido diario hasta pronto.
viernes, 8 de mayo de 2009
Comparación de personalidad
El otro día en un restaurante tardaban mucho tiempo en servirme y le tuve que decir al camarero que si se acordaba de que habíamos pedido porque hacía más de media hora que estábamos sentadas. Mi prima se hubiera callado y hubiese esperado el tiempo que hiciera falta pero yo, no. Entiendo que tengan faena y muchos clientes por atender pero si no les da tiempo, que metan más personal que hay mucha gente parada.
Me sirvieron un bistec que estaba medio crudo, después de todo el rato que estuvieron para hacerlo que les hubiera dado tiempo irse a Noruega y volver. Es obvio que yo no me voy a comer algo que está crudo y llamé al camarero y le dije que me lo pasara un poco más, que eso estaba lleno de sangre y le faltaba por hacer. Mi prima se lo hubiese comido sin chistar porque a ella parece que le da vergüenza decir esas cosas pero qué quieres que te diga, el que paga, manda y diciendo bien las cosas, no pasa nada, creo.
La segunda vez que me lo pusieron en la mesa, tenía otra pinta, estaba como a mí me gusta y le di las gracias al chico. Su mirada no me hizo mucha gracia, parecía que le hubiera molestado lo que le dije pero para eso le pagan, ¿no?.
Al terminar la cena, pedimos los cafés y seguidamente marchamos.
Nos dirigimos a un “pub” para tomar algo. El ambiente no me gustaba mucho, había demasiado “friki” ahí metido. Un listillo se me acercó a pedirme un cigarrillo y le di el paquete para que él mismo lo cogiera y el muy gracioso me da a mí un cigarro y se marcha con el paquete y una sonrisa seguida de un: “gracias”. -¡Qué gracioso eres, no? ¿De qué vas, imbécil?- le dije. Mi prima le hubiera reído la gracia, pero es que en ese momento a mi la amabilidad, no me sale. El chico me pidió disculpas y me dijo que era una broma a lo que yo le contesté que a mí no me conocía de nada como para hacerme esa broma que a mí sinceramente, no me hace ninguna gracia. Mi querida prima le hubiera dicho: “No pasa nada, no me he enfadado”, (porque ella es muy tranquila y se toma las cosas más a cachondeo, siguiendo la corriente). Esto me lo hace un conocido y no le doy importancia,incluso me río, pero un tío que acabo de conocer, no, lo único que pienso es que se cree gracioso o que vaya forma más rara de ligar que tiene. Estuvimos un rato bailando y riéndonos entre nosotras hasta que uno se acercó a bailar con mi amiga. Era el típico pesado que no se come “un rosco” y que va detrás de todas las chicas. Al principio mi amiga le seguía la corriente y bailó con él, pero luego vio que no se lo quitaba de encima y no paraba de decirme: “Tía, ¡qué pesado!”, a lo que yo le contesté que se lo dijera que la estaba molestando. Al ver que le daba vergüenza decirle tal cosa me acerqué a él y le dije: “Oye, que te vayas que eres un pesado, un rato está bien pero ya, cansa”.Mi amiga se quedó flipando y me dijo que gracias por quitárselo de encima, que a ella le daba cosa (es la típica que va de simpática pero luego los pone a parir).Mi prima no le hubiese dicho nada tampoco por quedar bien, pero qué quieres que te diga, yo voy a pasármelo bien y si hay algún plasta que aún no se ha dado cuenta, simplemente se lo digo y me da igual que se lo tome bien o mal. En fin que al cabo del rato nos fuimos de allí porque ellas trabajaban al día siguiente.
Cuando vi a mi prima al otro día se lo conté y no me equivoqué en nada, en cómo hubiera reaccionado ella. Yo soy así, si algo no me gusta lo digo sin más, me da igual cómo se lo tome la gente y más si no les conozco de nada creo que en este mundo hay gente con mucha cara y hay que saber pararle los pies a tiempo. En fin, sólo sé que no volveré a pisar ese sitio.....
miércoles, 6 de mayo de 2009
Viaje a la Felicidad
Hoy es uno de esos días de invierno en que sopla un airecito que te hiela hasta los pensamientos. Me doy prisa y por fin bajo las escaleras que me llevan al andén del metro. Qué calentito que se está aquí. Las orejas y la nariz empiezan a dolerme del cambio de temperatura.
Comienzo a pasear por el silencioso andén de arriba abajo para no quedarme dormido, mientras observo a la gente que ocupa los bancos y los que están de pie apoyados contra la pared. Todos parecen maniquíes, con los ojos abiertos pero sin vida mirando a un punto en el infinito sin pestañear, sin cambiar el gesto de la cara ni la pose con la que se ha quedado sentado o apoyado.
Por fin se oye el chirriar de las ruedas sobre los raíles y ese sonido ronco que produce el metro dentro del túnel. De repente todo el mundo se ha puesto en pie y se dirige a unos puntos determinados del andén como si supieran dónde parará la puerta del vagón. Todos serios, callados y dando pequeños empujones muy sutiles como para decir “perdona pero entro yo primero”. Aún teniendo ese pequeño contacto, nadie se mira nadie dice nada todo el mundo piensa en sus cosas sin preocuparle nada más, solo entrar en el vagón y sentarse lo antes posible para seguir con sus pensamientos. Me limito a observar las pequeñas reacciones y gestos que sin palabras tienen los unos con los otros.
Al fin entro, como siempre el último, y para mi asombro queda un asiento libre al final del vagón. Me siento y observo a mis compañeros de asiento que siguen con sus miradas perdidas. Decido sacar el libro que tengo en la mochila para poder desconectarme yo también “El Viaje a
Me sumerjo en la lectura sin más vacilación y es como encerrarse en una cúpula en donde todo mi alrededor pasa inadvertido y casi no se oye ningún ruido. Entre el traqueteo del metro y con la ayuda de Punset entro en un estado de semiletargo. Entre sueños escucho como la megafonía anuncia la próxima estación: Bogatell. Bien, me pongo más cómodo pensando que todavía me quedan cinco paradas para llegar a Paseo de Gracia y hacer transbordo por ese pasillo interminable que no se acaba nunca. Con ese ir y venir de gentes, todos en silencio, todos a un ritmo muy similar y que me recuerda mucho al video de Pink Floid “The Wall”, cuando un ejército de martillos desfilan todos en formación. Pero bueno, todavía me quedan cinco paradas.
De pronto, noto como alguien comienza a empujarme y me agarra del brazo. Abro poco a poco los ojos para ver de qué se trata pero no distingo muy bien quién es. La luz del vagón está apagada y sólo funcionan las luces de emergencia. Miro de reojo a la persona que me está sujetando: ¡una chica! Tenía la mirada clavada al frente. Sigo haciéndome el dormido y sin retirar el brazo, acerco mi cabeza a la suya y le susurro al oído.
- ¿Se puede saber qué es lo que buscas?
- Perdona, no pretendía molestarte (contesta un poco nerviosa), pero hace un rato que estamos parados y no me gusta cómo me miran esos tíos de allí, los que están sentados y he pensado que si te cogía del brazo parecería que íbamos juntos.
- ¿Parados?, ¿Dónde?, ¿Han dicho algo por megafonía?
- Tranquilo, que no pasa nada.
- ¿Tranquilo? ¡Mierda!, seguro que llego tarde al trabajo otra vez.
- Seguro que enseguida se arregla.
- Sí, seguro. Este mes llevo ya cuatro retrasos en el curro, pero bueno qué le vamos a hacer. Por cierto, ya que estaremos aquí un rato me presentaré, yo me llamo Jordi ¿Y tú?
- Ana. Oye, perdona por lo de antes pero como me miraban así y tú eres el único que conozco de verte todos los días, claro, creí que no te importaría.
Me quedé perplejo por lo que me estaba diciendo. No pensé nunca que una chica como ella se pudiera fijar en un piltrafilla como yo y mucho menos pedirme que la auxilie, puesto que Ana me sacaba dos palmos, sin contar con los tacones de doce centímetros que llevaba. Tenía la melena lisa hasta media espalda y muy bien cuidada, supongo que de peluquería, y vestía un traje de falda y chaqueta que por la caída de la tela tenía que ser caro.
- No te preocupes, por favor, de verdad que no importa. Entonces, ¿dónde dices que nos hemos parado? -Sin dejar de agarrarle el brazo, esperé que me contestara. Ella sin hacer amago alguno de retirarlo me contestó.
- Entre Bogatell y Vila Olímpica.
Yo no dejaba de pensar en la bronca que me caería al entrar por la puerta del curro, pero por otro lado, no quería que se acabara esa situación.
Seguimos conversando a oscuras durante media hora, hasta que las luces del vagón se encendieron y por fin pude contemplar el rostro de Ana. Era, quizás, la chica más atractiva que había conocido nunca. No era de una belleza espectacular, pero tenía un no sé qué, algo. No podía dejar de mirarla. Ella también me miraba sin decir palabra. El metro arrancó sin previo aviso y nuestros cuerpos chocaron entre sí. Nos miramos de nuevo y ella me dijo.
- Hace tiempo que te observo y me parecías un buen chico. Me alegro de conocerte al fin.
Se levantó y se dirigió a la puerta de salida. Yo sólo podía mirarla, sin dejar de pensar en lo que me estaba sucediendo y no supe qué hacer en ese momento.
Cuando el metro se detuvo y se abrieron las puertas, ella bajó del vagón sin mirar atrás. De repente salté de mi asiento como un resorte y la llamé a gritos por su nombre. Ella se giró y me miró como esperando alguna cosa. La cogí del brazo y le pregunté.
_ ¿Quieres hacer una locura?
Me sonrió y salimos los dos juntos del andén. Llovía, pero no importaba, y así emprendimos nuestro viaje a la felicidad.
Carlos Ragel Viciana.